La agresión

El viernes 1 de septiembre de 1939, a la 4.30 horas, las tropas alemanas cruzaron la frontera polaca. La agresión de Hitler desencadenaba la Segunda Guerra Mundial: Francia y Gran Bretaña declararon la Guerra a Alemania, obligados por los pactos que las unían al país atacado, pero aparte de algunas manifestaciones de poca relevancia, la tremenda espera a la conflagración general duró ocho meses. Ese período fue bautizado por un periodista como la dróle de guerre, frase que hizo fortuna y que puede traducirse como la guerra en broma o la guerra tonta. Pero en esos ocho meses el rayo de Marte no dejó cruzar Europa: La Unión Soviética atacó Finlandia y se inició una guerra que, con diversas alternativas, no cesó hasta 1944. Hitler atacó Dinamarca y Noruega, en busca de buenas bases navales y submarinas y, sobre todo, para proteger sus suministros de hierro que llegaban principalmente de Suecia.
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Hitler saluda a sus tropas que regresan victoriosas de Polonia
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La invasión de Polonia

Viernes. 1 de septiembre de 1939, 4,45 horas. Las tropas alemanas cruzan la frontera polaca. A la misma hora, el acorazado alemán «Schleswig-Holstein» cañonea el puerto de Danzing. El gauleiter Forster declara anexionada la ciudad al Reich. A las 6,00 horas aviones alemanes bombardean Varsovia, Cracovia, Poznañ, Lodz, Katowice, Tomaszow, Plock, Grudziadz, Radom. Lvov, Grodno, Brest y Tererspol. Las hostilidades entre Alemania y Polonia, cantadas hace tiempo, han comenzado. Y con ellas, lo que todavía sólo es, para lo alemanes, una «expedición de castigo». y que pronto será la Segunda Guerra Mundial...
Toda la culpa, dicen los eropeos en ese caluroso verano, la tiene Danzig, esa ciudad «absurda» enclavada en Polonia, habitada por alemanes (el 96 por 100 de sus 425.000 habitantes, en 1939), pero «territorio libre» desde 1918, unido aduaneramente a Polonia, desmilitarizada, administrada por un Parlamento electivo, reivindicada por polacos y alemanes.
Cuando en 1933 los nacionalistas suben al poder en Alemania y en Danzig, sobre la marcha inician la germanización administrativa de la ciudad, limitan la competencia de la Sociedad de Naciones, emprenden -ilegalmente- obras militares, toman medidas contra los judíos y fomentan la afluencia de «turistas» alemanes.
Desde comienzos de 1939 Alemania no oculta su deseo de anexionársela, de grado o por fuerza. El 21 de marzo ha llegado un memorándum alemán a Varsovia, en el que se exige Danzig y la construcción de una autopista y una vía férrea que cruzaría el «corredor» polaco entre Alemania y la ciudad, y que debería tener estatuto de extraterritorialidad. Polonia se niega a la cesión y anuncia la movilización parcial (dos divisiones), de acuerdo con el «Plan Oeste».
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Varsovia, agosto de 1939: la gente se detiene ante los carteles de propaganda militar y de movilización.
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A su vez, lo alemanes deciden llevar adelante (abril) el «Plan Blanco» (ataque a Polonia) preparado ya desde febrero o marzo, lo que echa por tierra la tesis de la «espontaneidad» de la reacción alemana ante las negativas polacas, por otra parte justas. El 28 de abril Berlín denuncia el pacto de no-agresióngermano-polaco de 1934. Días después, Beck, ministro polaco de asuntos exteriores, rechaza una nueva petición alemana mientras se multiplican lo incidentes fronterizos y se acentúa la militarización de Danzig, donde los alemanes crean un «Cuerpo franco» y. en agosto, se restringen los permisos a sus ciudadanos (1). En ese mismo mes, en plena crisis, nuevas ofertas de Hitler -que espera que París y Londres convenzan a Varsoviason rechazadas por Beck, que se niega a cualquier conversación ulterior. Los polacos, dice Beck, no quieren la paz a cualquier precio y no van a ceder como Checoslovaquia. «Lo más importante es el honor», termina diciendo.
Ante esto, Hitler decide fijar el día del ataque para el 26 de agosto, luego pospuesto para el 1 de septiembre. El 31 de agosto pone en marcha la Directriz n.° 1 del plan de guerra: un incidente prefabricado que justificaría el ataque. Soldados de las SS con uniformes polacos destruyen la aduana alemana de Gleiwitz, ocupan la Radio, desde la que lanzan slogans antialemanes, y abandona algunos cadáveres tiroteados de «polacos» (en realidad presos del campo de concentración de Buchenwald) (2). Mientras los alemanes renuevan cínicamente las ofertas de paz. salta la noticia de las «agresiones» polacas en la frontera. Al día siguiente Alemania invade Polonia. Pese a las alianzas, Francia y Gran Bretaña no se mueven. Y Hitler seguirá pensando que Londres y París no van a intervenir por Danzig.

Polacos y alemanes

En general, se considera que el conflicto germano-polaco de 1939 es un episodio más de las siempre difíciles relaciones entre ambos países.
En este caso, la responsabilidad principal recae en la Alemania nacionalsocialista y en su tajante replanteamiento del orden territorial surgido de la 1 Guerra Mundial, con la anexión de Bohemia y Austria (1938), la cesión por parte de Lituania de Klaipeda (Memel), en marzo de 1939, y la reclamación de Danzig (o Gdañsk, el polaco).
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Cadetes del cuerpo de caballería polaco en 1939
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Pero Alemania «no busca colonias [en ultramar], sino territorios». Con otras palabras, la Alemania de Hitler busca la expansión en sus fronteras en pos del Lebensraum o “espacio vital”, que según los ideólogos imperialistas alemanes de los siglos XIX y XX (3), la «joven y pujante» población alemana en crecimiento «necesitaba a costa de los pueblos inferiores del. este europeo»: Polonia, Ucrania, Bielorrusia, países bálticos... Se olvida fácilmente que la exigencias alemanas sobre Danzing eran sólo un paso para eliminar a Polonia, un paso más hacia el dominio del Este -y. desde la existencia de la URSS, hacia la erradicación del bolchevismo- El plan alemán era de expansión general, no muy diferente de los que otros países europeos habían llevado a la práctica en América o intentado llevar a cabo en África y Asia. Hitler no quería «hacer volver la patria» a las minorías germanas en el extranjero, sino anexionarse los territorios donde habitaban y otros nuevos donde “exportar» a la población alemana «sobrante desplazando, sometiendo o eliminando a la indígena. Sin embargo, si en la Europa de 1939 se tolera, porque lo hacen todos, protectorados, anexiones, rectificaciones fronterizas y desmembraciones de países y territorios, la colonización de poblamiento, con traslados de población y destrucción de la población y cultura ajena son más fáciles de ejecutar y admitir, y además «llegan tarde», históricamente hablando. En Occidente, además, nadie creía del todo en la expansión propugnada por Hitler -ni los propios judíos, ni los polacos-, salvo, como veremos, los soviéticos y algunas individualidades occidentales.
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Caza monoplano polaco de ala alta Ikarus k-2, un aparato netamente inferior a los cazas alemanes con los que debió combatir.
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Así, la «intransigencia» polaca en la cuestión de Danzig será sólo un pretexto más para la eliminación de Polonia: ya en 1919 Hindenburg había dicho que el peligro mayor para Alemania «es la existencia de Polonia comoEstado independiente», y el general alemán, de origen pomeranio, Hans von Seeckt afirmaba que «Polonia es el problema fundamental del Este. La existencia de Polonia es algo que no se puede tolerar ni conciliar con las condiciones de vida de Alemania. Polonia debe desaparecer».
Las relaciones germano-polacas habían alcanzado cierto equilibrio en tiempos de la República de Weimar y de Pilsudski, aunque no se había resuelto el problema de la minoría germana de Polonia occidental ni el de Danzig. En este último caso, la solución intermedia dada por la Sociedad de Naciones no había satisfecho realmente a nadie. Pero sin la política expansiva de Hitler quizá su lutos se habría prolongado indefinidamente
Cuando Hitler reclamó Danzig y el Corredor» esperaba que también esta vez iba a tener lo que quería. Aunque no subvaloraba a Francia y Gran Bretaña y temía una guerra con éstos -seguía pensando que los soldados franceses de 1939 eran iguales a los de 1914-, sí estimaba que un «territorio tan exiguo» en un «país de tercera fila» no iba e empujarlos a la guerra.
Para la cual, por otro lado, Alemania se había ido preparando casi ostensiblemente desde 1934-35 (rearme, consolidación política interna, pactos exteriores, como el de Acero de mayo de 1939), pues la «necesitaba» como un factor más de sus planes expansivos. Esta guerra tenía sus razones propias, por encima de contingencias (4). Varios países van a tener su parte de responsabilidad en su estallido, pero la fundamental, sine qua non, y la decisión final recaen sobre Alemania. «Esta vez -comentará la Neue Zürcher Zeitung del 5.IX.39-, al contrario que en el 14, es posible escribir los nombres y apellidos de los responsables de la guerra.»
¿Y Polonia? Bastantes historiadores y la opinión popular ven a Polonia como víctima histórica de sus poderosos vecinos, lo que en gran parte es cierto. Pero es menos cierto que haya sido siempre una nación inocente, débil pero heroica, caballerosa y pacífica. Polonia -que en el pasado había sido también una potencia imperialista, por ejemplo en la Edad Media y en 1920- había recuperado la independencia en 1919. Los gobiernos que se habían sucedido, controlados prácticamente por los militares, y la dictadura de los coroneles, no habían sabido ni querido resolver los problemas económicos y políticos, se perseguía a las minorías étnicas, en particular a la alemana y judía (5), Polonia dominaba
en el Este las tierras habitadas por bielorrusos y ucranianos, y no había pestañeado con ocasión de la desmembración de Checoslovaquia e incluso había aprovechado este acto de agresión alemán para ocupar la llamada «Silesia de Teschen» o Cieszyn, perteneciente a Checoslovaquia y no mayoritariamente polaca (sólo 98.000 polacos sobre una población de 240.000 habitantes). Asimismo, había apoyado expresamente la conquista italiana de Etiopía y las reivindicaciones italianas sobre las colonias francesas.

Mariscal Rydz-Smigly, comandante en jefe del ejército polaco.
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Pese a su ubicación geográfica y a las amenazas alemanas. Polonia, como dice H. Michel, cultivaba desorbitadamente una política reaccionaria y patriotera, de la que se imbuía al pueblo, fomentada por los políticos y sobre todo por la casta militar que, para Battaglia, era claramente fascista y aristocraticista y depositaria del «alma polaca». Polonia se consideraba una potencia, complejo totalmente injustificado, dada su debilidad económica y militar.
Con todo, cuando Hitler toma el poder, los polacos se creen protegidos por su propio poderío militar y por sus alianzas con Francia y Gran Bretaña - y por la enemistad entre URSS y Alemania-. Se ha acusado a Beck de esperar que los demás «saquen las castañas del fuego a Polonia», pero, en parte, así se lo habían prometido sus aliados, y los polacos acabarán creyendo que un ataque exterior haría entrar en acción automáticamente a los ejércitos francés y británico. Además, los polacos (recordemos que Jósef Beck era en el fondo pro-alemán) tratarán en un primer momento de mantenerse equidistantes entre los dos bandos hasta ver lo que podían obtener de cada uno (6). Finalmente. corno veremos, Varsovia había aceptado alianzas con París y Londres, pero nunca las aceptará con la URSS, pese a que esto último -y en ello coinciden historiadores tan dispares como Michel. Deborin, Latreille. Battaglia. Taylor, Calvocoressi y otros- habría significado la salvación de Polonia. El propio Churchill admitirá que «Sin Rusia nuestras garantías a Polonia, a Rumania, a Grecia no tienen fundamento».

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Molotov recibido en la Cancillería del III Reich en Berlín, verano de 1939.
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En cuanto al poderío militar, eran grandes la diferencias entre Alemania y Polonia. La primera era considerada tradicionalmente una gran potencia, y pronto iba a demostrar que seguía siéndolo, pese al Tratado de Versalles, y ante la pasividad culpable de los occidentales, facilitado esto por la salida de Alemania de la Sociedad de Naciones (1933) y por la política de ignorancia olímpica del derecho internacional; las inversiones de la industria armamentista habían pasado de un 22,9 por ciento en 1933 a más del 74 por ciento en 1938 (E. Duraczyñski).
Alemania era el único país que como hemos dicho, se estaba preparando seriamente para la guerra; además, las limitaciones impuestas por los vencedores de 1918 en cuestión de armamento habían consentido renovar material y táctica, en lo que los alemanes se hallaban en vanguardia, basta pensar en el Blitzkrieg o guerra relámpago (7). Los generales veteranos son competentes y abundan los jóvenes con ideas modernas, como Guderian. Rommel y otros. Además, la máquina de la propaganda va a funcionar perfectamente. Si el entusiasmo popular no va a ser el mismo que en 1914, la excelente planificación, los sensatos planes militares, la disciplina, obediencia, corifianza y sumisión tradicional del pueblo alemán hacia sus gobernadores facilitarán mucho las cosas, aplacando los temores de Hitler y de sus colaboradores partidarios de la guerra, como Ribbentropp, ministro de Asuntos Exteriores -Goebbels y Goering, sin embargo, encabezarán a los contrarios a la guerra-.
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Von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores alemán, firma el Pacto germano-soviético en Moscú
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En tiempo de paz Alemania dispone de unos 800.000 soladadós, pero va a movilizar a más del doble. Dispone de 84 divisiones de infantería, 6 acorazadas, 4 ligeras (luego, acorazadas), 4 motorizadas. Posee '2.886 carros de combate ligeros. 309 medios y 5 pesados. La aviación. con unos 4.800 aparatos, es la más poderosa del mundo. La marina no es reconocimiento PZL-23 Karas, entre otras cosas. Se fabricaban también c1 arros de combate (Tankette Ursus TKa'. TK 2. TK 3, y TK 5: carro ligero 4 TP. carros 7 TP, 10 TP y 14 TP ( 8 ). Disponía asimismo de carros franceses ,(Renault» FT-17
Franceses y británicos ante el conflicto germano polaco
La agresión alemana a Polonia estuvo precedida por una intensísima actividad diplornática. Francia, Gran Bretaña, Italia y, en cierto modo La URSS (y Estados Unidos) eran las potencias garantes del equilibrio europeo surgido de la Gran Guerra Pero las responsabilidades principales en el caso polaco recaen sobre las dos primeras, si exceptuarnos a Alemania.
El 31 de marzo de 1939 Francia y Gran Bretaña habían dado garantías de su ayuda a Polonia, y el 6 de abril habían firmado un pacto de asistencia mutua.
Pero las relaciones franco-polacas se remontaban a veinte años atrás. En Francia. desde tiempos del Romanticismo. había una verdadera polonofilia. París había patrocinado la independencia polaca en 1919 y existía un tratado con Polonia que había resultado muy oneroso para Francia. Desde 1921 el tratado había decaído y se había reducido a los préstamos, ignorando los aspectos militares, pero Polonia se había negado a revisarlo (H. Michel).
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Hito de delimitación del territorio de Danzing en el que puede leerse el orígen de este polémico enclave
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Ante las primeras exigencias alemanas, Francia había aconsejado a Polonia que cediera territorios a lo largo del Vístula -pero había prometido material militar en caso de conflicto. Gamelin, jefe de Estado Mayor y luego comandante en jefe francés., había prometido intervenir en ese caso (pero sólo con demasiado numerosa y carece de barcos grandes, pero posee numerosos barcos pequeños, y submarinos.

Polonia no posee grandes industrias y su producción no puede compararse con la alemana: por ejemplo, produce 39 millones de Tn. de hulla, frente a los 186 milil. de la alemana; 1,5 mili. de acero, frente a 23 mill. Añadamos que la renta nacional alemana alcanza los 33.347 mill. de dólares, mientras que la polaca sólo 3.189 mill. y que la población de Alemania es de 78 mili. de habitantes (con Austria y los Sudetes) y la de Polonia de 35 mill. Asimismo, al alemán hay que añadir el material militar y la producción industrial checa y austríaca.
Las polacas no eran unas fuerzas armadas de poca monta, como a veces se cree. Se las situaba entre el sexto lugar en Europa, después de las francesas, británicas, alemanas, soviéticas e italianas y, sin duda, eran más poderosas que las rumanas, turcas, griegas y finlandesas.
Pese a que en los últimos años las fuerzas armadas se llevaban el 40 por ciento del presupuesto, seguían siendo anticuadas, tipo Gran Guerra, muy jerarquistas, y con una tropa con mentalidad preindustrial. Disponían de 400.000 soldados (y 2.800.000 en la reserva), con 39 divisiones de infantería, 4 de caballería (junto con Italia, fue el único país que la empleó en combates en la Segunda Guerra Mundial), 1 brigada de carros de combate con 225 ejemplares modernos y 88 antiguos). En conjunto, había unos 900 carros de combate, unos mil aviones (sólo unos 400 realmente aptos) y unos cuantos destructores y submarinos.
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Infantería polaca marchando hacia el frente
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Existía cierta industria de guerra. Un Centro Nacional de Aeronáutica y la empresa PZL fabricaba los cazas PZL-P 7 y PZL-P 11, los bombarderos PZL-P37 y los aparatos de algunas tropas, y no con todo el ejército como pensaban los polacos). Estos últimos se habían mostrado inquietos por las muestras de debilidad de Francia ante la remilitarización de Renania y ante las anexiones alemanas e italianas, pero sí confiaban en las fuerzas armadas francesas, como confiaba toda Europa.
Por su lado, los franceses conocían la debilidad y el desbarajuste de las fuerzas armadas polacas a las que se atribuía, sin embargo, la capacidad de resistir incluso un año ante los alemanes, a quienes, en cambio, se subestimaba. Francia trataba de prepararse para una guerra larga: no pensaba en combatir por Danzig, sino por Polonia, y estimaba que, de todos modos, lo importante iba a suceder en Occidente. «como siempre», y que aquí se jugaría la suerte de Polonia. Paralelamente, Francia había aconsejado a Polonia concluir su alianza con la URSS y aceptar eventualmente su ayuda militar: pero la negativa había sido rotunda: Polonia «odiaba el comunismo», temía a la URSS y tenía escasa confianza -compartida también por Francia y Gran Bretaña- en la eficacia de las tropas soviéticas. Además, preferían perder territorios ante Alemania que aliarse a la URSS: «Con los rusos perderíamos nuestra alma», diría él generalísimo polaco, general (luego mariscal) Edward Rydz-Smigly.
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El general Gamelin, en el centro, presencia unas maniobras acompañado por la delegación polaca presidida por el general Kasprsyck
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En 1939 él 45 por ciento dé los franceses consideraba inevitable la guerra. Nadie aceptaba la parte dé responsabilidad dé Francia, por su pasividad, en él incremento de la agresividad alemana y a nadie parecía importarle nada Checoslovaquia o Polonia. Nadie estaba dispuesto, como resumió muy bien el periodista francés M.Déat, a «morir por Danzig».
En cuanto a los británicos, y pesé a que eran también aliados dé los polacos, no tenían intención alguna dé hacer nada, y esperaban que los franceses cargasen con las responsabilidades, pero habían accedido a un acuerdo militar con Francia, en mayo.
En abril, Alemania, qué ya estaba decidida a la guerra, dio dos nuevos pasos en dirección a ella: denunció él pacto con Polonia dé 1934 y el convenio naval con Londres dé 1935. Los aliados occidentales sé alarmaron. Ambos (y Estados Unidos), dice Deborin. «desplegaron febril actividad para obligar a Hitler a modificar sus planes -qué no eran difíciles dé adivinar [es decir, también, posteriormente, un ataqué en él oeste]- y aceptar otro [futuro] plan de agresión: él plan dé ataque dé la URSS». Así, prosigue Déborin, norteamericanos, británicos y franceses querían resolver, mediante una guerra gérmanosoviética, «sus contradicciones tanto con los competidores capitalistas --Alemania y Japón-- como con la URSS».
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Infanteria alemana avanza tras un carro hacia la ciudad de Danzing
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Sin embargo, y ésta era otra contradicción, los occidentales y Polonia no tenían otro aliado posible contra Alemania, en Europa, qué la URSS. De ahí qué, con cierta repugnancia, desde junio sé inició una serie dé conversaciones entre los occidentales y Moscú con vistas a algún tipo dé acuerdo, acuerdo qué las opiniones públicas británica y francesa veían con mejores ojos que sus respectivos gobiernos, según Taylor y Deborin, qué sólo pretendían atemorizar a Alemania, y sólo en última instancia llegar a algo más sólido: los franceses se inclinaban más por un simple pacto franco-soviético. Pero Londres rechazó cualquier opción, con evasivas.
Los soviéticos -los únicos que creían realmente en la seriedad de los planes alemanes de expansión se sentían atemorizados y aislados. Sabían que, como era lógico. los alemanes tenían que atacar a otros países antes que a ellos, y pedían un frente común y un acuerdo de defensa mutua; exigían que el ataque contra un país vecino se considerase ataque contra la URSS y ponían sus tropas a disposición de los aliados. Los soviéticos, dice 'I'aylor, eran sinceros (sinceridad que corroboró el jefe de la misión militar francesa en las conversaciones, general Doumenc), pero los occidentales contestaron que «no tenían fuerzas suficientes», y rechazaron la reciprocidad que deseaba la URSS, sobre la que que querían que recayese el peso de culaquier acción.
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Soldados de la Wehrmant arrancan las barreras de los pasos fronterizos con Polonia
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Consideraban que, en el fondo, la Alemania nazi era «menos enemiga» que la URSS: ya que en un memorándum secreto enviado por Londres a París en mayo, cuando se discutía el acuerdo con Moscú, se decía que «Es deseable la firma de cualquier acuerdo en virtud del cual la URSS acuda a nuestra ayuda si nos atacan en el Occidente, no sólo con el fin de obligar a Alemania a hacer la guerra en dos frentes, sino también, quizá, porque, en caso de guerra, lo principal será el intento de envolver en ella a la URSS». La Pravda del 29.VI.39 comentaba que la «URSS se negaba a ser "peón" y "juguete" para sacar las castañas del fuego a los demás...» Pese a lo cual Moscú, inquieto, prosiguió hasta agosto las conversaciones, tanteando mientras a Alemania con vistas a algún tipo de acercamiento prudencial. También los países bálticos y, sobre todo, Polonia, se opondrán siempre a cualquier acuerdo con la URSS.
En esto (tarribién en junio-agosto) el Gobierno laborista británico y Alemania van a desarrollar negociaciones secretas, en un intento de delimitar sus esferas de influencia y calmar a Hitler, para lo cual los británicos renunciarían a sus compromisos con Polonia, se establecerían relaciones normales con Berlín, se cedería Danzig a Alemania y se le dejaría las ruanos libres en el Este y Balcanes, y se intentaría que Francia renunciase a cualquier tratado con la URSS; se llegó a proponer a los alemanes el reparto de las colonias portuguesas. Alemania -ya era muy tarde- despreciaría tales «limosnas» y todo quedará en nada.
Así, el 22 de agosto Londres reitera su apoyo a Polonia, un día antes del pacto, ya cantado, germano-soviético, y dos días después de éste, el 25, se firma un tratado polacobritánico de ayuda mutua en caso de agresión alemana. (Quizá sea ésta,una de las razones por las que Hitler decide posponer el ataque a Polonia del 26 de agosto al 1 de septiembre. aunque el historiador británico Taylor lo interpreta como un recurso teatral, de presión).
En esto "estalla" el pacto germano-soviético, llamado «acuerdo Molótov-Ribbentropp», el 23 de agosto de 1939.
La iniciativa pertenece a Stalin y se remonta a los primeros indicios de que no va a cuajar un pacto tripartito con Francia y Gran Bretaña, y aún antes: en Munich, Stalin había sido dejado amargen; la actitud de los occidentales ante Alemania le parece «blanda» y «convincente»; Polonia se niega a ser defendida. «¿Dónde está -se pregunta Stalin, alarmado- el antifascismo de las democracias?.»
La URSS piensa que no puede hacer la guerra ella sola contra Alemania: la economía pasa por una etapa mediocre, la industria pesada es insuficiente, las fuerzas armadas, tras las «purgas» de 1937. están desorganizadas. El pacto con los alemanes puede alejar el conflicto y, quizá. puede proporcionar otros beneficios. Ya en marzo Stalin había declarado que «Los antagonismos acusados en materia de concepción del mundo y de política interior no son obstáculo para la colaboración pacífica de dos Estados» declaración que sólo confirmaba la tradicional política exterior soviética de «coexistencia pacífica». que provenía de los años 20 y luego revigorizará Kruschev-.
A Alemania el pacto le beneficiaba, al poder obtener así productos soviéticos en un momento delicado. al tener las manos libres en el Este y poder concentrarse en Polonia y en los occidentales.
Los estadounidenses no se sorprendieron por el pacto como expresó H. Ickes en 1939, Rusia sospechaba que Inglaterra hacía doble juego» y que esta última seguía confiando en hacer achocar a Rusia y a Alemania y de esta manera quedar a salvo». A.J.P Taylor considera que el pacto. para la URSS, estaba destinado exclusivamente a defenderse, pero que fue interpretado como derivado de la maldad bolchevique y los soviéticos se extrañaron de que «antes eran tachados de monstruos criminales y ahora se espera de ellos -prosigue Taylor- que sean más idealistas que los demás.
Lo peor del Pacto fueron las cláusulas secretas por las que la URSS y Alemania se repartían esferas de influencia y expansión territorial y no sólo, en el caso de la URSS, por las tierras habitadas por ucranianos y bielorrusos del este de Polonia: Hitler «dejaba» a la URSS la Besarabia y los Estados bálticos. El Pacto produjo disensiones en el seno del comunismo mundial y bastantes deserciones. Por su lado, los fascistas criticaron el «giro» alemán. Así, pues, por la pasividad de unos y los temores de otros, y por la estulta actitud de los polacos, éstos van a combatir solos contra Alemania.
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Soldados alemanes atraviesan el río Bug sobre una balsa montada encima de botes neumáticos
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Iniciado el ataque alemán, sólo por la tarde de ese uno de septiembre, franceses y británicos presentan idénticas notas al ministro alemán de asuntos exteriores, Ribbentrop: «Si el Gobierno alemán no está dispuesto a dar garantías satisfactorias con respecto a la sus pensión inmediata de toda acción agresiva contra Polonia y a la retirada de sus fuerzas de territorio polaco, nuestro Gobierno cumplirá sin dudarlo sus obligaciones con respecto a Polonia.» Era una amenaza formal de entrar en guerra. Sin embargo, los aliados no se mueven. Esperan que Mussolini -recordemos que éste y la opinión publica italiana simpatizaban con los polacos- convoque una «nueva conferencia de Munich» que aleje la guerra.
Mussolini propone entregar Danzig a Alemania y negociar. Francia y Gran Bretaña aceptan el principio de una conferencia si los alemanes evacuan Polonia. Pero era demasiado tarde. Mussolini retira la propuesta. El día 2. Chamberlain hace una nueva propuesta. rechazada por Alemania. Llega el día 3 Hitler, de nuevo, estima que los occidentales no van a intervenir, sus temores disminuyen. Finalmente, en la mañana, Berlín recibe un ultimátun franco-británico.
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La infantería alemana penetra en las calles de Gdynia
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Las operaciones militares
Así, pues, el día 1 la avalancha alemana se abate por tierra y aire sobre Polonia. Mientras, el pueblo alemán, que todavía piensa en las vacaciones, manifiesta su interés mediano por el ataque y se muestra como «ausente». Para los polacos las vacaciones terminan de golpe. Aunque ante la invasión y los primeros bombardeos no han reaccionado con temor, sino con curiosidad y nerviosismo. Los polacos no temen al invasor, piensan que van a detenerlo y a invadir la propia Alemania. «Dentro de una semana en Berlín», rezan algunas pintadas en las calles de Varsovia. Y pese a lo que ocurre ya desde las primeras horas. más de un político o un militar opinan lo mismo.
Los alemanes preparan para la invasión a 1.800.000 soldados, 11.000 cañones, 2.800 carros de combate, 2.000 aviones --en este momento es comandante en jefe de los ejércitos de tierra W. Von Brauchitsch-(9). Penetran en Polonia 40 divisiones de infantería, 14 mecanizadas (6 acorazadas). 4 ligeras y 4 motorizadas (10).
Polonia puede oponerle casi un millón de hombres. 4.500 cañones, 700 carros de combate y 400 aviones: 30 divisiones de infantería, 2 de montaña, 4 de caballería etc., mandadas por el mariscal Rydz-Smigly.
El soldado alemán habitualmente obediente y disciplinado, goza de una instrucción muy buena y dispone de una oficialidad competente en la que confía y con la que se compenetra, y de un material cuya calidad es casi siempre aceptable o buena. Cuando lo alemanes penetran en Polonia, van a hacerlo de la manera clásica, formando dos grupos que, partiendo del norte y del sureste cojan en medio a los polacos. Pero la novedad (el Blitzkrieg) consiste en la utilización de la aviación y los carros en función estratégica. Aquella y éstos no se subordinan al lento avance de la infantería, sino que, actuando autónomamente, penetran lo más profundamente que pueden en territorio enemigo. tratan de controlar el cielo, destruyendo la mayor cantidad posible de material enemigo, y así ocurrirá. Empleo parecido tendrán lo carros -que operarán masivamente o en cuerpos autónomos de ruptura, y no de simple apoyo a la infantería-. Enorme importancia tendrá la propaganda y la Radio que emitirá como radio polaca, creando confusión y desmoralización. Como es habitual en ellos, los alemanes buscarán en sus ataques la superioridad numérica y de material: la relación de fuerzas entre Polonia y Alemania al estallido de la guerra se calcula ( según E. Duraczyñski), que para la infantería, «era de 1:1,5; en la artillería, de 1:2,8: en la artillería antitanque, 1:5,2; en carros de combate. 1:5,3». En los combates que efectivamente se desarrollaron, la proporción, por una serie de razones, fue aun menor: «En la infantería, de 1:2,2; en la artillería, 1:4,3; en la artillería antitanque, 1:7,6; en los carros, 1:8,2.
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Mapa de la invasion de Polonia
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El soldado polaco presentaba una instrucción sólo mediana. Los mandos confiaban en la cantidad más que en la calidad. Su moral, en 1939, era más aceptable, pero excesiva la seguridad en sí mismos. Un ulterior handicap será la tardía e incompleta movilización en el momento del estallido de la guerra.
Rydz-Smigly es el responsable del mal concebido plan polaco, que va a facilitar las cosas al enemigo: concentra gran parte del ejército (más de un tercio) en el Corredor, con riesgo de ser atacado desde la Prusia oriental alemana; otra gran parte la concentra entre Lodo y Varsovia, en el centro, bajo el mando del propio Rydo-Smigly. Al mismo tiempo, trata de defender todas las fronteras de un país llano, sin obstáculos naturales y pocas carreteras, e incluso cree que va a resistir y a contraatacar.
El ejército polaco -para Battaglia, Liddell Hart y otros- debería haber formado, «clásicamente», una línea defensiva sólida en el interior, sobre el Vístula y el San (aunque así se habrían abandonado las regiones industriales del oeste), y desde ella lanzar contraataques contra los puntos débiles del enemigo Esta ubicación inadecuada le va a impedir oponerse eficazmente a los alemanes y moverse con facilidad para evitar ser embolsado o rebasado.
Desde le primer día (para la descripción de las operaciones seguiremos en buena parte a Liddell Hart), en el norte, los ejércitos III y IV de Von Bock penetran hacia el sur desde Prusia oriental y hacia el este por el Corredor respectivamente, para unirse luego, rebasado el enemigo (11).
El peso principal lo llevan los ejércitos de Rundstedt, en el sur y el sureste, los más numerosos y potentes. por sus divisiones acorazadas: el VIII, el X y el XIV. El VIII se dirige hacia Lodz, para aislar a los polacos en Poznan; el XIV se dirige hacia Cracovia, rodeando el flanco enemigo de los Cárpatos y haciendo que los carros de Kleist lo empujen hacia las montañas, y el X va a soportar la acción decisiva, con sus carros, en la parte central del sur.
El día 3 el IV ejército corta en dos el Corredor y alcanza el curso inferior del Vístula: aquí la resistencia polaca es mayor y se hace famosa la heroica brigada de caballería «Pomporska». Y el III va hacia el río Narew. En el sur, el X llega al río Warta,en dirección norte, y empuja al otro lado a los polacos. Más al sur. el XIV ocupaba Cracovia y los polacos se tiran hasta los ríos Dunajec y Nida, hacia el este.
Los aliados de Polonia
Berlín ignora el ultimátum aliado: a las 12,00 h del día 3, Gran Bretaña, a las 17,00 h. Francia se consideran en estado de guerra con Alemania. Mientras se producen manifestaciones antialemanas y en favor de la intervención de ambos países. Pero los aliados no tienen prisa en moverse. El día 4 el general británico Ironside y el general Gamelin se muestran de acuerdo: «Inglaterra -dice Ironside- se está preparando para un larga guerra (...). Por ello sus principios y planes deben tener en cuenta las necesidades de la guerra como un todo y no según las distintas campañas [como la de Polonia].»
Así Francia, lentísimamente, por el anticuado sistema de reemplazos en vigor, pero también para no irritar a Hitler, va a ir movilizando 120 divisiones. Las fuerzas armadas francesas, cuyo comandante en jefe es el veterano y anciano general Gamelin. son en 1939 más poderosas que las alemanas y gozan de gran prestigio, por lo que se comprende mal su pasividad. En Francia y también en Gran Bretaña se había producido cierta desilusión ante la mediocre resistencia del Ejército polaco tras sus bravatas, del que se esperaba, sin razón, más. Aunque también los polacos habían esperado más de sus aliados, y el historiador francés Latreille se pregunta si la pasividad era fruto del temor francés o de la imposibilidad práctica de hacer algo rápidamente (12).
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Carro Renault FT-17, de 1919, en servicio en el ejército polaco veinte años más tarde, capturado por los alemanes
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Mientras, los alemanes seguían penetrando en Polonia, sin que se constatase un plan eficaz polaco para hacer algo más que choques frontales, algún contraataque desesperado pero descoordinado, y retiradas continuas para evitar ser embolsados, y todo ello sin éxito. El día 4 había terminado la batalla por el Corredor con la derrota polaca. Ese mismo día, en el sur, el X ejército alemán llegaba a Pilica, ya a 80 km. de la frontera; el Gobierno polaco abandonaba Varsovia y se refugiaba en Lublin.
El 6, en el sur, los alemanes rebasaban Lodz y entraban en el Kielce. El «muro» alemán avanzaba en toda su longitud y los polacos comenzaban a ver resquebrajar sus líneas, atacando sólo esporádicamente, y el 7 se producían ya repliegues desordenados. El 8 una división acorazada del X ejército alemán alcanzaba Varsovia, defendida por el general polaco Rommel, que lograba resistir, y el 16 rechazaba una conminación a la rendición. El 9, en el sur, divisiones ligeras llegaban al Vístula, entre Varsovia y Sandomierz, y se dirigían hacia el norte; el XIV rebasaba la fortaleza de Przemysl, cruzaba el río Dunajec y tocaba el río San.
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General polaco Kleeberg, que hubo de capitular en la batalla de Kock, por falta de municiones cuando tenía la victoria al alcance de la mano.
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En el norte. las divisiones acorazadas de Guderian del III ejército forzaban el río Narev y atacaban la línea defensiva del río Bug, más allá de Varsovia, completándose así el cerco de los polacos en la zona VístulaVarsovia.
La rapidez del avance y las repetidas derrotas polacas acabaron produciendo cierta confusión en el Alto Mando alemán: éste pensaba que los polacos ya se habían retirado detrás del Vístula y que era conveniente que el X ejército lo cruzase entre Varsovia y Sandomierz para cortar la retirada polaca hacia el sudeste. Pero Rundstedt estimó que el enemigo todavía no se estaba retirando, por lo que hizo desviar al X ejército a Reichenau hacia el norte con el fin de bloquear a los polacos a lo largo del río Bzura,en las proximidades de Kutno, al occidente de Varsovia. El Alto Mando aceptó esta estimación, que resultó acertada, pues el grueso de las fuerzas polacas quedaron bloqueadas, sin posibilidad de recibir ayuda o recursos, hostilizados por el sur y por detrás por los ejércitos VIII y IV. Sus desesperados contraataques resultaron vanos y sólo una pequeña porción de los polacos escaparon al cerco y se refugiaron en Varsovia, que aún resistía.
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Poblacion de Varsovia comtempla asombrada las evoluciones de los primeros aviones alemanes.
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El 10, el mariscal Ryda-Smigly ordenó la retirada general hacia el sudeste, para acortar el frente, y dio el mando de la operación al general Sosnowski. Pero ya era tarde: los alemanes habían penetrado profundamente, cruzado el Vístula, el Bug y el San. En el centro, los carros de Guderian alcanzaban Brest Litovsk, y los de Kleist, en el sur, llegaban a Lvov (día 12), agotados y con escaso combustible. Pero los desmoralizados polacos no supieron sacar provecho de la contingencia.
Para mediados de mes los ejércitos polacos habían sido ya derrotados. La incompetencia de los oficiales y la relativa impreparación de la tropa les habían impedido resistir ni siquiera un mes entero. Dentro del semicaos general, había habido, con todo, batallas difíciles para los alemanes, como las ya mencionadas del Corredor y la de Bzura-Kutno (días 9-17), como los combates de Brzesc, Zabinka y Kobryn (día 15) - en esta ultima se distinguió el general polaco Franciszek Kleeberg había habido episodios de heroismo, corno en Westerplatte (Danzig), en Gdynia, en Radom, etc.
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Hitler entra en la capital polaca cubierta de ruinas.
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El día 17 el presidente polaco Moscicki y su gobierno huyen a Rumanía, y lo mismo hace el comandante en jefe Rydz-Smygly: la fuga de las autoridades acentúa la desmoralización de la tropa y del país.
Pero no todo ha terminado. El mismo día 17 los soviéticos ordenan «al ejército que pase la frontera para proteger la vida y los bienes de la población de Ucrania y Bielorrusia occidentales» y horas después invaden Polonia por el este, sin encontrar resistencia apreciable. Los soviéticos piensan anexionarse al„ este polaco, pero también están desconcertados y atemorizados ante las fulminantes victorías alemanas y pretenden mantener alejados de sus propias fronteras a los vencedores de Polonia (Calvocoressi).
Soviéticos y alemanes fijan su «frontera» en el centro-este de Polonia, sobre una línea que va de Prusia oriental a los Cárpatos orientales, pasando por Brest Litovsk y Przemysl.
Con todo, en determinados puntos, los polacos seguían resistiendo, como en Varsovia, cuyo asedio termina sólo el 28 (en el curso del cual murieron 16.000 soldados y 20.00 civiles); como en Tomaszów, hasta el 27. El canto de cisne polaco, la última batalla de entidad, fue la de Kock (días 2-5 de octubre), en la que el general Kleeberg puso en dificultades a los alemanes, y en la que se empleó una vez más la caballería para atacar a los carros. Asimismo, algunas guerrillas, muy exiguas, tuvieron cierta actividad durante el invierno.
¿Y los aliados de Polonia? Francia había situado a 70 divisiones y 3.000 carros de combate en la frontera frente a 26 divisiones alemanas, incompletas y casi sin carros (de las que sólo 14 eran suficientemente operativas). Los franceses deberían haber atacado al tercer día de la movilización, es decir, el día 4 de septiembre, y lanzar el quinceavo día una ofensiva general.
Tras algún inocuo lanzamiento de octavillas sobre las líneas alemanas, la «ofensiva» francesa del general Georges se limitó a cruzar la frontera del Sarre (día 6), ocupar unas 20 pequeñas localidades abandonadas por los alemanes sin resistencia, y el 12 detenerse, controlando en total una faja de 25 km. de longitud y 8 de anchura. Para colmo, cuando a fines de septiembre los alemanes trasladan algunas divisiones a la frontera con Francia, los franceses se retiran sin combatir.
Gamelin no se había empleado a fondo, su «fina táctica» -como se la llamó- no había conducido a nada; su pretexto fue que los polacos «no estaban dando garantías suficientes de resistencia». Tampoco se entregaron a Polonia los aviones y otro material que había pedido y que le habían prometido.
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El reparto de Polonia
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Los franceses, que entre septiembre y octubre tuvieron unas 1.800 bajas, resultaron totalmente inoperantes, sin que la pasividad se vea justificada del todo por la lentitud de la movilización o la solo relativa abundancia de material, pues como dirá De Gaulle «Todas las fuerzas alemanas estaban en el Vístula y nosotros no hicimos nada». Y el propio Churchill criticó la inactividad francesa, pese a su superioridad local y general, durante esta
«dróle de guerre» o «Sitzkrieg» (guerra sentada, como la llamaron los alemanes). Pero los británicos estuvieron totalmente ausentes, cínicamente, y sólo en octubre comenzaron a enviar a Francia algunas unidades, cuando ya la campaña de Polonia había concluido. Sólo el 9 de diciembre tuvieron los británicos su primer muerto...

El fin de Polonia

Mientras, Hitler, en su discurso en Danzig ocupada el 5 de octubre, hablaba de proponer la paz a los occidentales, que todavía no habían combatido contra Alemania, antes de llegar a lo irremediable, -pero ya era demasiado tarde, y todo quedó en el aire-.
La rápida y desastrosa guerra había ocasionado ingentes pérdidas y destrucciones a Polonia: económicas, culturales y humanas. Los muertos habían sido, según R.Wojna, 644.000, de los que 123.000 eran militares y el resto, 521.000, civiles -otras cifras dan 200.000 soldados muertos, y otras 150.000Los alemanes capturaron 694.000 prisioneros y 217,000 los soviéticos- otras cifras dan 450.000 prisioneros de los alemanes y 300.000 de los soviéticos.
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Prisioneros polacos camino de un campo de concentracion alemán
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Por su lado, los alemanes tuvieron 10.572 muertos, 30.322 heridos y 3.404 desaparecidos; según fuentes polacas actuales, los alemanes perdieron 674 tanques, 919 vehículos y 612 aviones -lo que da fe de la resistencia polaca- y cerca del 80 por ciento de las fuerzas armadas alemanas, si no más, tuvieron que ser empleadas en Polonia. Los soviéticos tuvieron sólo 734 muertos y 1.862 heridos (13).
Alemania se anexionó Polonia occidental y algunos puntos próximos a Prusia oriental, en los que había alemanes, aunque eran claramente minoritarios. Los soviéticos se anexionaron Polonia oriental, que los polacos habían arrebatado a la URSS en la «cruzada» de 1921, habitada mayoritariamente por ucranianos y bielorrusos, que incluye, entre otras, ciudades como Lwow y Briest. En el centro se creó un «Gobierno de Polonia» bajo protectorado alemán. Sobre la marcha los alemanes iniciarán en «su» Polonia la instalación de campos de concentración (5.870 en total) y las deportaciones, matanzas y destrucciones para «hacer desaparecer a Polonia»: el total de muertos después de la guerra de 1939 será de 5.384.000 (cifra que incluye a polacos judíos y no judíos). Las pérdidas económicas por la ocupación serán de 48,7 mil millones de dólares USA y el 43 por 100 de los bienes culturales quedarán destruidos.
Tras la derrota, el presidente Moscicki cede los poderes a L. Raczkiewicz, presidente del Senado, que se establecerá en Francia; el primer ministro y comandante en jefe de los polacos del exterior será el general Si
korski (octubre de 1939), que llegará a tener bajo su mando a un ejército de 80.000 hombres, y los soldados polacos aparecerán en varios de los frentes en que los aliados combaten a italianos y alemanes. Más adelante, aparecerá también la resistencia contra la ocupación.

Notas

(1) El día 12 de ya había decidido atacar a Polonia, al diplomático suizo C Burckhardi que «al menor incidente destrozaré a Polonia. No quedará ni rastro de ella». Cuando Burckhardt replica «Esto significará la guerra general^ Hitler lanza «Bueno, que sea Si tengo que hacer la guerra, es mejor hacerla hoy que mañana »
(2) El comandante alemán de la zona, coronel Sleinmetz, se opondrá al «incidente» por considerarlo «innoble», pero recibirá una orden expresa de Hitler.
(3) Como colectividad «la mayoría del pueblo alemán estaba predispuesto a la guerra antes de entrar Hitler en escena El sueño del poderío del Imperio se concentraba en muchas de las tradiciones populares, que eran claramente autoritarias, nacionalistas, militaristas, racistas y economistas». (K ^H Janssen: «40 aniversario del comienzo de la guerra». en i)ie Zeit. 31VIII-1979)
(4) Hitler no buscaba la reducción, ni la igualdad ni la proporcionalidad en cuestión de armamentos, preconizadas por la Sociedad de Vaciones, sino la superioridad
(5) Polonia no se había inmutado ante la política antijudía de Alemania Durante las primeras persecuciones alemanas contra los judíos, Beck habla impedido la entrada en Polonia a judíos polacos y alemanes, a quienes privó (1938) de sus derechos nacionales.
(6) Esto había irritado a la opinión francesa, ya molesta por el apoyo polaco a la política antifrancesa de Mussolini y por la anexión de Teschen. lo que el propio Churchill criticó Los franceses habían pensado incluso en «largar a los polacos». Cómo dice J.-B. Duroselle, Polonia se mostró cínica e inconsciente hasta el último momento
(7) Como explica Battagha, el Blitzkrieq es, además una guerra terrorista guerra rápida y total, que trata de acabar totalmente con el enemigo, si que escapen a ella los refugiados la población civil, las regiones menos desarrolladas. La población atacada ha de saber que no tiene ninguna salida, ( Los destructores eran 4. los submarinos 5, en 1939 Ese mismo año los aviones de caza eran 315, los bombarderos y de reconocimiento, 531, y los de cooperación, 84 (Casi 400 aviones serán destruidos en tierra). Los carros TK estaban armados con una única ametralladora (luego a algunos se les dotó de un cañoncito de 20 mm). Los 4 TP pesaban 4í3 Tm y tenían un cañoncito de 20 mm (era un buen carro),el 7 TP tenia un cañón de 37 mm (fue el más destruido por la aviación enemiga y el que más averías presento) Los demás carros no llegaron a emplearse en combate.
(9) Las cifras y datos sobre efectivos y armamento pueden oscilaría veces por la imposibilidad de obtenerlos o porque en ocasiones quienes los manejan no tienen conocimientos militares y los distorsionan: o bien porque están basados en cifras de las propagandas.
(10) En 1939 una división acorazada disponía de 288 carros, de los que la mitad eran ligeros (el Pzkfw 1í de 6 Tm) y de escasa eficacia.
(11) El III lo mandaba Kúclerí el 1V Kluge, L'I VIII, Blaskowitzí el X Reichenau y el XIV List: los carros los mandaban Guderain y Kleist. Todos estos nombres los volveremos a encontrar a lo largó de la guerra.
(12) En 1945 los generales alemanes Keitel y Jódl dirán que tuvieron realmente temor y que si los Eran ceses hubieran lanzado una ofensiva en los primeros días de septiembre habrían penetrado profundamente en Alemania (H. Michel),
(13) Cómo resume Liddell Hartí un ejército anticuado [pero no pequeño], el polaco. «fue pronto desintegrado por contingentes de carros que actuaban en combinación con una fuerza aérea muy superior». En el oeste,« un ejército de movimientos lentos [el iránces]í no pudo ejercer presión eficaz hasta que fue ya demasiado tarde». Añadamos que la enorme superioridad alemana sumergió materialmente a los polacos que, pese a haber combatido bien en muchas ocasiones, no pudieron o no supieron desplegar un heroísmo colectivo semejante al de los finlandeses ante los soviéticos ó al de los griegos ante los italianos.

 


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