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III.- LOS
ACUEDUCTOS
Introducción
Para los romanos, que buscaban en la
monumentalidad de sus construcciones un cauce eficaz a su
obstinada voluntad de imposición de poder, fue el acueducto uno
de sus logros más perfectos.
Se
imponen al espectador por sus tres dimensiones: altura fuera de la
escala humana, longitud que llega a ser verdaderamente colosal en
alineaciones de kilómetros y que además se alarga indefinidamente
por la vibración monótona de sus arcadas y por su espesor que
llega a dar esbelteces de verdadero alarde, como ocurre, por
ejemplo, en Segovia.
La experiencia adquirida no
se acumulaba en libros, ni se abstraía en cálculos complicados,
sino que aparecía rotunda en los ejemplares conservados. Por el
simple hecho de seguir en servicio demostrando su eficacia, es
decir, su adecuación a todas las funciones que tenían que cumplir,
entre ellas la de transportar agua, función bastante sencilla, y
otra más compleja la de resistir las acciones que están a la
destructiva; pero incluso las ruinas eran lección elocuente del
comportamiento de las obras.
Los asentamientos humanos
deben estar siempres situados cerca de una fuente de agua limpia, ya
sea un río o un manatial.
Mientras Roma no fue más
que un pequeño estado dentro del Lacio, su fuente fue el río Tíber,
pero a finales del siglo IV a.C., cuando los romanos luchaban en la
Segunda Guerra Samnita, se encontraron con que necesitaban
urgentemente un suministro alternativo. Quizá esto se debiera a que
el agua del Tíber ya no era suficiente para una población cada vez
más grande, o quizá a que existía el peligro de que el enemigo
envenerara su única fuente, pero lo cierto es que a consecuencia de
ello, en el año 312 a.C., los romanos empezaron a construir su
primer acueducto, el Aqua Appia.
Descripción
El
primer paso en la construcción del acueducto es encontrar la
ubicación de la fuente de donde se tomaría el agua. No siempre se
disponía de una fuente, para asegurar agua fresca y saludable.
Muchas veces era necesaria una minuciosa labor de búsqueda hasta
dar con ella. Vitrubio, en su Libro VIII, indicaba la metodología
que debía seguirse, basada sobre todo en la observación directa de
la naturaleza: la vegetación, el terreno, su configuración y el
grado de humedad.
Por otro lado se presentaba
el problema de como realizar la captación. Para ello decidian
desviar parte del curso del río, a través de un canal
impermeabilizado con opus
si
ninum, y aprovechar la pendiente del terreno para conseguir
la inclinación necesaria para la conducción del agua hacia una
represa o lago artifcial. De esta manera se mantenía una reserva de
agua para el verano. Además, estas represas ayudaban a decantar el
agua por sedimentación y normalizaban la distribución.
La conducción del agua
desde la represa admitía diversas soluciones. Vitrubio había
estipulado tres posibles maneras: por canal cubierto de mampostería,
por tubería de plomo o por tubería de cerámica. Las tuberías de
cerámica ya eran conocidas en Egipto y resultaban las más económicas;
para construirlas utilizaban unas láminas de unos tres metros de
largo que luego enrollaban en cilindros de madera y unían soldando
los bloques.
La propia palabra romana aquaeductus
(conducto de agua) indica claramente qués es un acueducto. No
se trata de un puente que lleva agua, aunque algunas veces esté
formado de puente, sino de un canal hecho por el hombre con el cual
se transporta el agua. Los romanos preferían que el agua de sus
acueductos fluyera cuesta abajo, a favor de la gravedad, pues así
no hacía falta aplicarle presión para que corriera.
Pero si por las
circunstancias que fuesen esto no era posible o viable, surgía como
muchas más veces, el ingenio romano encontraba una solución. Dicha
solución consistía en la construcción de los llamados sifones.
Los sifones funcionan a la manera de los vasos comunicantes, y están
compuestos por tres elementos: un tubo descendente, uno horizontal y
uno ascendente. Tal y como se puede apreciar en el esquema que hay a
pie de texto, el tubo descendente ha de tener mayor diámetro que
los otros dos para que el agua adquiera la presión suficiente y,
una vez atravesado el tubo horizontal -que evita el cambio violento
de dirección-, ascienda y continúe su camino. Este sistema se
realizaba mediante dos tipos de tubería: con tubos de cerámica
unidos con mortero,
cuando había poca altura y por tanto la presión no era grande, o
con tubos de plomo, cuando la presión era mayor.
Sifón Romano
El corazón de un acueducto
de piedra es el llamado specus , el canal en sí, que tenía
más o menos el tamaño de una puerta en una casa moderna. Las
paredes, el suelo y el tejado estaban hechos siempre de piedra, ya
se construyera bajo tierra, o ras del suelo por encima de éste,
aunque algunos posteriore están construidos con hormigón y hay
otros incluso excavados en roca sólida. Los canales se construían
con el sistema de fábrica de sillería opus
quadratum
(ver Glosario) considerado el más importante en la arquitectura
romana, o en mampostería opus incertum
(ver Glosario), es decir piedras irregulares sujetas con mortero y hormigón.
El canal estaba cubierto
con un arco por arriba, para proteger el agua del sol, aunque había
también otro motivo para mantenerlo cubierto en la primitiva Roma:
un tejado de piedra hacía más difícil al enemigo cortar el agua o
envenenarla. Por esta razón los acueductos más antiguos no eran
altos, y además siempre que fuera posible se hacían subterráneos.
Los tejados se dividían en
tres tipos principales: uno formado por una piedra plana o dintel
plano, otro compuesto por dos piedras iguales apoyadas una contra
otra, formando un arco
apuntado, y el tercero que era el arco
de medio punto.
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Piedra Plana
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Arco Apuntado
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Arco de Medio
punto
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Cuando el acueducto se
edificaba en un suelo corriente o de grava solía construirse en una
trinchera. Por el contrario, en las zonas donde había roca cerca de
la superficie, el specus se excavaba directamente en ella, a menos
que la ruta trazada exigiera una trinchera demasiado profunda, en
cuyo caso era a menudo más sencillo hacer un túnel completo en
piedra.
Si había que cruzar un
valle en línea recta, entonces se construía una muralla o un
puente sobre el que se transportaba el canal. No obstante, los
primeros constructores no se atrevían a llevar a cabo obras
semejantes y preferían construir sus acueductos bordeando todo el
valle si era preciso.
Trazando la
ruta
En
primer lugar, el librator (topógrafo) trazaba una ruta
aproximada, siguiendo una suave pendiente no muy pronunciada entre
la fuente y la ciudad. Al hacerlo, marcaba la ruta con estacas de
madera, para a continuación calcular qué diferencia de altitud había
exactamente entre el punto de partida y el de llegada. Antes de que
los obreros comenzaran a trabajar en cualquier sección del
acueducto, el librator tenía que calcular la caída total y
establecer la altura de cada extremo de la sección.
El instrumento de nivelación
de los topógrafos
romanos, la dioptra , no podía medir grandes distancias, por
lo que, para poder llevar a cabo sus cálculos, el topógrafo tenía
que detenerse a medir varios cientos de veces a lo largo de la
distancia total, marcando cada diferencia de nivel en su tablilla de
cera, para luego sumarlas todas, obteniendo así la diferencia total
de altitud entre la fuente y la ciudad. Entonces, una vez medida la
longitud total aproximada del acueducto, y la diferencia de altitud,
podía calcular la caída total, y empezar a trabajar para trazar la
ruta definitiva.
Cuando por fin, después
de semanas de trabajo agotador, se había establecido el trazado
correcto, se colocaban grandes estacas de madera a intervalos
regulares a ambos lados del camino del acueducto, que reemplazaban
a las que habían puesto para marcar la ruta provisional.
La construcción
del acueducto
La
construcción del acueducto era una obra de gran complejidad debido
a las múltiples tareas que tenían que efectuarse. Su organización
dependía directamente del emperador, quien ostentaba el título de curator
viarum. El personal que intervenía en la obra estaba
constituido por el curator aquarum, el ingeniero militar, el
ingeniero civil ( estos dos últimos solían ser la misma persona),
el topógrafo, los artesanos -llamados los fabri, como los
picapedreros o canteros y los carpinteros-, que trabajaban bajo la
dirección del praefectus fabri, y por último los esclavos,
encargados de realizar todo tipo de faenas, sobre todo las más
pesadas.
El trabajo empezaba simultáneamente
en distintos puntos del acueducto. Se instalaban campamentos, donde
los obreros y operarios vivían mientras durase la obra, cada
campamento tenía su propia organización, según las funciones que
los hombres debían realizar.. A lo largo de toda la ruta varias
cuadrillas de hombres se dedicaban a construir calzadas
provisionales por las que transportarían las carretas y los
animales de carga la piedra a lo largo del camino trazado entre la
fuente del río y la ciudad, a retirar la capa superior del suelo, a
nivelar los salientes y rellenar los hoyos, y al mismo tiempo, y
para ahorrar tiempo y trabajo, se abrieron varias canteras. La
piedra empleada en la construcción no se transportaba más allá de
lo estrictamente necesario.
Construcción de un túnel. Cavaban
varios agujeros hasta la profundidad deseada e iniciaban la excavación
de la galería. Estos agujeros se mantenían una vez finalizada la
obra para asegurar la aireación cuando se realizaban las tareas de
mantenimiento.
Para la mayor parte de las
cuadrillas el trabajo preliminar consistía simplemente en excavar
una trinchera en terreno blando, asegurando temporalmente las
paredes con puntales de madera, una precaución que no era necesaria
cuando el canal se excavaba en roca sólida. Sin embargo, los grupos
con peor suerte se encontraban con que tenían que excavar toda su
zanja en un terreno de roca sólida, aunque los más desafortunados
de todos eran aquellos a los que les tocaba cavar túneles. Estos
tenín que empezar a abrir un puteus , es decir, un pozo,
cada setenta y un metros, más o menos, y luego, con el espacio
justo para un hombre, tenían que ir excavando hacia delante,
pasando hacia atrás con unas cestas la piedra que iban quitando
para que la arrastraran fuera del pozo. Al mismo tiempo, otros
hombres iban trayendo la piedra, que se había cortado en la
cantera. Luego, una vez colocados, los canteros tallaban cada bloque
cuidadosamente de forma adecuada ya que debían encajar
perfectamente sin necesidad de argamasa,
aunque luego sí se recubrieran con argamasa las piedras del canal,
para impedir las filtraciones.
Trabajo realizado en un puteus
Mientras tanto, los
libratores iban comprobando los progresos en todos los puntos de la
obra. Una vez que el canal tenía ya su forma aproximada, entonces
se bajaba un chorobates
a la trinchera para comprobar que ésta mantenía la pendiente.
Pero como este instrumento era demasiado grande para bajarlo por los
pozos, en los tramos de túnel se utilizaba agua para medir el
nivel.
Chorobates
Muchas veces, los
ingenieros decidían utilizar la técnica de sentada en seco, también
llamada aparejo a hueso, en la construcción de las arcadas
de los acueductos; es decir, utilizaban la piedra limpia sin ningún
tipo de argamasa. Esto implicaba un trabajo depurado en cada uno de
los sillares, cuyas
juntas debían acoplarse perfectamente para poder ejercer la presión
necesaria que permitiese ir levantando la obra sin más elemento de
unión que la propia presión de un sillar contra otro. Esta técnica
resulta particularmente interesante en la construcción de los
arcos, donde cada una de las dovelas
es imprescindible para el conjunto general del puente. Si se quitase
sólo una de ellas, se podría generar un desmoronamiento progresivo
de los restantes arcos, con lo que se destruiría totalmente el
puente que sostiene al acueducto.
Para construir las represas
se utilizaron bloques de piedra de longitud variable y de unos
cincuenta centímetros de ancho. Los bloques de la coronación se
unieron con una especie de grapas de hierro, lo que les daba una
mayor resistencia a la presión o empuje del agua. Además de
funcionar como depósito, estas represas servían a veces como
depuradoras o decantadoras, y un acueducto podía llegar a contar
con varias de ellas a lo largo de su recorrido.
Una vez colocados los
bloques de piedra con sumo cuidado, se tapa con tierra todo el
specus, y después se apisona bien el terreno y se extiende la
tierra sobrante para que una vez que crezca la vegetación nadie
pueda notar por dónde transcurre el canal. Durante el Imperio,
cuando ya no había guerras en Italia y no hacía falta mantener en
secreto las rutas de los acueductos, éstos se solían marcar con
mojones de piedra, los llamados cippi , que eran
paritcularmente útiles para localizar puntos determinados del
canal. Gracias a ellos, si se producía por ejemplo alguna filtración
que había que repara, se podía señalar el lugar de la fuga dando
como referencia el cippus más cercano.
En esta ilustración aparecen casi todas
las tareas posibles en la construcción de un acueducto.
Una vez que se ha terminado
el acueducto, da comienzo su larga vida. A partir de entonces hará
falta inspeccionarlo y mantenerlo en buen uso, y para ello muchas
veces habrá que repararlo o mejorarlo.
Al llegar el agua a la
ciudad, ésta se recogía en un depósito. Este depósito solía
tener externamente un aspecto monumental, por lo que se los conocía
como castillos de agua , a pesar de que la mayoría de ellos
estaban enterrados y era imposible admirarlos. Estos depósitos
estaban hechos y decorados con gran magnificencia, aunque,
dependiendo también de la ciudad, eran bastante más modestos. En
el interior de este castillo se realizaba la distribución del agua
en tres canales: el de las fuentes públicas, el de las termas y el
de uso privado.
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