Los
mayas ocuparon la península de Yucatán, actualmente Honduras
y Guatemala. Su origen se remonta probablemente al segundo milenio a.C.,
aunque alcanzó su apogeo entre los años 600 y 900 d.C.
A pesar de que vivían en tierras de escaso valor agrícola,
crearon monumentos y centros de ceremonias casi tan impresionantes como
los erigidos en Egipto. La extensión de sus construcciones ceremoniales
es sorprendente, ya que su religión era relativamente primitiva.
También lo era su arquitectura, aunque innegablemente admirable,
comparada con los avances de la época en el resto del mundo.
Inventaron un lenguaje escrito que todavía no se ha logrado descifrar.
En la actualidad se conservan tres códices de la civilización
maya, restos de un elevado número destruido por los europeos,
quienes temían que contuvieran herejías.
Los mayas destacaron en ciencias como las matemáticas y la astronomía.
El conocimiento y la capacidad de predicción del movimiento de
las estrellas y los planetas fue esencial para calcular su calendario
y establecer las fechas de las ceremonias importantes. Vivían
en pequeños poblados que no se conservan, pero se reunían
en los centros para los actos importantes. Los guerreros nobles y los
sacerdotes controlaban la sociedad.
La civilización maya comenzó a decaer en el siglo X, tal
vez a causa de un terremoto o una erupción volcánica en
la zona. Muchas de las construcciones ceremoniales se abandonaron a
partir de entonces. Los guerreros del centro de México invadieron
este territorio y se agruparon en pequeñas comunidades en el
bosque pluvial. El último centro maya sucumbió a manos
de los españoles en el siglo XVII, pero actualmente hay más
de dos millones de descendientes mayas en la península de Yucatán.

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